Nacimiento de Contemplor S.A.

Por Francisca Azócar.

Desde pequeña tuve la inquietud interna de formar una empresa, un negocio, pero no se me ocurría que podía hacer.

Un día fuí con una amiga a un restaurant, donde habían unos sándwiches muy ricos (BAGEL), mientras almorzábamos me dí cuenta que las poleras de los meseros estaban desteñidas y viejas, entonces pensé: “ellos tienen una necesidad de poleras nuevas”. Cuando termine de comer mi sándwich le pregunte a mi amiga si ella quería tomar un café y ella dijo que sí, entonces, me pare de la mesa y me acerque al mesón para comprar dos café cortados con leche descremada, mientras me los preparaban me atreví a decirle a uno de los chicos que atendían que yo fabricaba uniformes corporativos.

La verdad, es que yo jamás había  hecho una sola polera en mi vida, seguido de esto, ellos me dijeron que necesitaban con urgencia poleras nuevas, y me pidieron que subiera al segundo piso a conversar con el dueño del restaurant, con el fin de que él decidiera comprarles uniformes nuevos.

Me tome el café y subí las escaleras para conversar con él, estaba nerviosa, trate de disimularlo para que no se notara, toque la puerta con dos golpecitos y me respondieron: ...“adelante” - así que ingrese a la oficina y me presente:

          ..."Hola, buenas tardes soy Francisca Azócar y estoy aquí porque le quiero ofrecer el servicio de uniformes corporativos para su empresa"...  y  me respondió: ...mira que bueno que estas aquí,  por favor siéntate porque necesito que me cotices lo siguiente"...

Poleras pique, camisas, pantalones, jockeys, una lista de productos, a los cuales yo le respondí a todo que, sí. Le dije, que mañana yo iba a dejarle la cotización, metí el papel con la solicitud a mi bolsillo y me fuí a la oficina de mi padre, yo trabajaba con él.

Durante la tarde elabore como pude la cotización de productos, que por lo demás, nunca había vendido, sin embargo la termine y la guarde en un sobre. Al día siguiente me acerque nuevamente al restaurant a dejar la cotización solicitada, subí las escaleras, volví a tocar la puerta y salude, ..."buenas tardes"... - le dije - ..."le traigo la cotización de la ropa que me pidió ayer"... -  y él me respondió ..."que bueno, la estaba esperando"... - estiro su mano y siguiendo el gesto entregue el sobre. Lo abrió, miro la cotización un instante y me dijo:

..."Esta todo bien, apruebo tu cotización"... - me pregunto: ..."Si la firmo, te sirve como orden de compra?"... Yo le respondí que, sí, por supuesto, con una sonrisa.

Así termina esta historia, y comienza el primer trabajo de Contemplor S.A. ...resulto perfecto.

Santiago, 2004